La calidad del sistema educativo y los actores educativos (Agenda 2030:ODS 4)

La calidad del sistema educativo y los actores educativos (inspección educativa, directores de centros y docentes).

“Objetivo 4. Garantizar una educación inclusiva, equitativa y de calidad y promover oportunidades de aprendizaje durante toda la vida para todos”.

La calidad educativa es una de las categorías de análisis con la que podemos identificar en qué medida un sistema educativo ha incorporado elementos de mejora para garantizar el derecho a la educación. Aunque solo con el cumplimiento de las otras cinco categorías de análisis del derecho a la educación ( acceso, aceptabilidad, participación, disponibilidad y sostenibilidad) el ejercicio es completo, la calidad es uno de los principales ejes en los que gobiernos e instituciones internacionales se están centrando para ir avanzando en la mejorar del ejercicio del derecho.

Para avanzar en todos estos ámbitos de una forma conjunta, es clave potenciar la participación que tienen los diferentes actores del sistema educativo y mejorar sus capacidades para el cumplimiento de su rol, sobre todo de tres de ellos: Inspectores educativos, Directores de Centro y los Docentes.

Cada uno de ellos tienen un papel fundamental que jugar para la mejora de la calidad educativa, entendiendo está como se describe en el estándar internacional del derecho a la educación: “un marco conceptual holístico de la educación de calidad abarca: i) un nivel mínimo de adquisición por los estudiantes de conocimientos, valores, capacidades y competencias; ii) infraestructuras, instalaciones y ambientes escolares adecuados; iii) un cuerpo docente bien calificado; iv) una escuela abierta a la participación de todos, en particular de los estudiantes, sus progenitores y la comunidad. Es pertinente subrayar que la calidad de la educación no puede lograrse sin proporcionar suficientes recursos para lograr los imperativos de calidad.”

La calidad de la educación nos ofrece una serie de parámetros a mejorar con relación al sistema en el que nos encontramos con graves deficiencias. En los sistemas educativos públicos de muchos países se ha primado el acceso y la disponibilidad frente a la calidad, la participación y la sostenibilidad de los espacios educativos. En algunos casos esta decisión ha venido forzada por las metas propuestas por los Objetivos del Desarrollo del Milenio donde al primar solo el acceso nos encontrábamos con centros saturados de alumnos, sin infraestructuras apropiadas, sin recursos para desarrollar sus capacidades, con docentes escasamente preparados para afrontar los retos a los que deben enfrentase en sus clases, y sin capacidades metodológicas para acompañar y preparar a los niños y jóvenes para su propio desarrollo.

Como dice el informe del relator, ha traído una “baja calidad en la educación básica” y “, hay un número muy elevado de niños que reciben una educación a lo largo de cinco años que no les capacita ni siquiera en un nivel básico para leer, escribir y realizar operaciones aritméticas”.

En el África subsahariana, un análisis de 21 países permitió comprobar que las personas de 22 a 24 años con cinco años de educación tenían un 40% de probabilidades de ser analfabetas. Las pruebas realizadas por el Consorcio sudafricano de supervisión de la calidad de la educación (SACMEQ) demostraron que en algunos países menos de 10% de los estudiantes poseía los conocimientos establecidos en los programas de estudios.

Hay identificados varios elementos comunes en la baja calidad de los sistemas educativos y que están relacionados con:

  • Una débil condición de la profesión docente y de su ejercicio.

  • Escasa valoración social del profesorado, la inspección inspectores educativa y los equipos directivos de centro.

  • Deficiente formación inicial.

  • Deficiente formación continua para los distintos actores educativos.

  • Ratio profesorado/alumnado muy elevado para poder desarrollar una educación de calidad.

Estos elementos implican que, de manera frecuente, los distintos actores educativos no encuentran la mejor manera de desarrollar su papel dentro del sistema educativo, porque el sistema debe ser exigente con aquellos actores que son claves para dotar a los niños y niñas de la capacidades necesarias para ser los propios constructores de su futuro y ser capaces de decidir. Al mismo tiempo el sistema debe dotar a estas personas de las capacidades y recursos que demandan para poder ejercer su papel, como responsables de contribuir a una co-ciudadanía responsables, que participe y que tengan capacidad para debatir y actuar desde su propio pensamiento. La escuela es un espacio para aprender, pero también para pensar y debatir, fijar valores y construcción colectiva.

Por tanto, si queremos mejorar la calidad de la educación, debemos centrar parte de nuestro esfuerzo en fortalecer a los actores educativos (inspección educativa, equipos directivos y docentes) de aquellos elementos que mejoren el ejercicio de sus funciones. Además de la formación continua, es necesario reafirmar su papel y autoridad dentro del sistema educativo, equilibrando el rol de cada uno de ellos. Los tres actores que conforman el triangulo deben reconocerse y colaborar, apoyarse y mejorar sus funciones, y sobre todo no olvidar que tienen un objetivo común que es reclamar y construir el mejor sistema educativo que garantice que todos los niños y niñas realmente pueden ver garantizado su derecho a la educación.